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Mitos de violencia doméstica

Mito uno: solo las mujeres pobres sin educación son víctimas de violencia doméstica.
Las víctimas de abuso pueden encontrarse en todas las clases sociales y económicas y pueden ser de cualquier sexo. Pueden ser ricos, educados y prominentes, así como poco educados e indigentes. Las víctimas de violencia doméstica viven en pueblos rurales, ciudades urbanas, proyectos de viviendas subsidiadas y en comunidades cerradas. La representación excesiva de las mujeres desfavorecidas en los informes de delitos de violencia doméstica puede deberse a varios factores, incluido el hecho de que quienes buscan asistencia o servicios públicos están sujetos a tendencias de seguimiento de datos que a menudo capturan esta información. Las víctimas de violencia doméstica que tienen ingresos más altos tienen más probabilidades de buscar ayuda de terapeutas privados o proveedores de servicios que puedan proteger su identidad a través de acuerdos de confidencialidad.

Mito dos: las víctimas provocan y merecen la violencia que experimentan.
Una táctica abusiva utilizada por los perpetradores es acusar a sus socios de "hacerlos" violentos. Esta acusación es aún más efectiva cuando el autor y otras personas le dicen a la víctima que él o ella merecían el abuso. Como resultado, muchas víctimas permanecen en la relación abusiva porque creen que la violencia es su culpa. Muchas víctimas hacen repetidos intentos de cambiar su comportamiento para evitar el próximo asalto. Desafortunadamente, nadie, incluida la víctima, puede cambiar el comportamiento excepto el perpetrador. El autor es responsable del comportamiento y responsable de poner fin a la violencia.

Mito tres: las víctimas de violencia doméstica pasan de una relación abusiva a otra.
Aunque aproximadamente un tercio de las víctimas de violencia doméstica experimentan más de una relación abusiva, la mayoría de las víctimas no buscan o tienen múltiples parejas abusivas. Las víctimas de violencia doméstica que tienen antecedentes infantiles de victimización física o sexual pueden estar en mayor riesgo de ser dañadas por múltiples parejas.

Mito cuatro: las víctimas de violencia doméstica sufren de baja autoestima y trastornos psicológicos.
Algunas personas creen que las víctimas de violencia doméstica tienen enfermedades mentales o sufren de baja autoestima. De lo contrario, se piensa, no soportarían el abuso. De hecho, la mayoría de las víctimas no tienen trastornos mentales, pero pueden sufrir los efectos psicológicos de la violencia doméstica, como el trastorno de estrés postraumático o la depresión. Además, hay poca evidencia de que la baja autoestima sea un factor para involucrarse inicialmente en una relación abusiva. En realidad, algunas víctimas de violencia doméstica experimentan una disminución en la autoestima porque sus abusadores los degradan, humillan y critican constantemente, lo que también los hace más vulnerables a permanecer en la relación.

Mito cinco: las víctimas de violencia doméstica son débiles y siempre quieren ayuda.
Algunas víctimas de violencia doméstica son pasivas, mientras que otras son asertivas. Algunas víctimas buscan ayuda activamente, mientras que otras pueden rechazar la asistencia. Nuevamente, las víctimas son un grupo diverso de individuos que poseen cualidades únicas y diferentes situaciones de la vida. Las víctimas de violencia doméstica no siempre quieren ayuda y sus razones varían. Es posible que no estén preparados para abandonar la relación, que tengan miedo de que sus parejas los perjudiquen o que no confíen en las personas si los esfuerzos anteriores para buscar ayuda han fallado.

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